Definitivamente si, se va acercando el verano y es el momento en que a nosotras, las chicas, nos agarra la locura por las dietas y el ejercicio.
Es el momento en que nos damos cuenta que nuestra figura no va acorde con la playa, el mar, las remeras cortas, polleras o shorts; pero el gran problema aparece a la hora de ponerse la malla, y empezamos de vuelta que se me ve el royito, la celulitis o cualquier “pequeña” imperfección que tengamos en el cuerpo.
Por eso, cuando se comienzan a planear las vacaciones o se empieza a sentir un poco de calor la gran mayoría, grandes o chicas, nos anotamos inmediatamente en el gimnasio y empezamos a “aflojarle” a la comida, aunque debo admitir que esto último es muy difícil (por experiencia propia). También hay factores que no ayudan mucho al intento de dieta, como los asados en familia, los cumpleaños, el chocolate que nos regala la abuela para después de comer. Lo peor de esto es que cuando salís del gimnasio salís complacida por haber bajado unos gramos y después cuando pasa por el primer quiosco te abalanzas sobre algo rico y con muchas calorías, pero encontrás consuelo pensando que así no subiste ni bajaste de peso.
Lo que yo creo es que es uno de los mayores placeres de la vida, sólo hay que saber contenerse y manejarse con las porciones. Aunque justamente, ése es el problema de muchas personas; al no saber manejarse se van de un extremo a otro… Pero si me preguntaran si en este momento me privaría de comer algo para bajar de peso, les diría que NO.
Antonella Pleitavino

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