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5ºB - Madre del Buen Consejo

aguss-179.jpgMuchos de los que vivimos en Buenos Aires vimos nevar por primera vez el 9 de Julio de 2007 cuando de un día para el otro la ciudad se nos mostró blanca.
Nadie puede negar que se divirtió muchísimo tirando bolas de nieve o improvisando muñecos con lo poco que se llego a amontonar en las calles. Pero fue ese día, y ahora anda a saber hasta cuando vamos a tener que esperar para que pase de nuevo.
Algunos tienen la oportunidad de no tener que esperar a que ocurra nuevamente el fenómeno y viajan a lugares donde la nieve es cosa de todos los días. Entre esos “algunos” que pueden tomarse el atrevimiento de viajar, por ejemplo, al sur de la Argentina, esta la especie odiada por tantos y codiciada por muchos otros… los egresados.
Proyecto de personas entre 17 y 18 años que a modo de festejar de alguna manera que terminan la secundaria parten a la Patagonia en busca de diversión en diferentes aspectos. Uno de ellos, y el que nos interesa hoy, es jugar con la nieve.
Existen miles de formas, de ideas, de ocurrencias. Seria muy tonto tratar de enumerarlas ya que se están inventando nuevas en este mismo instante, pero lo que importa realmente es el entusiasmo, las ganas y el asombro que experimentan al ver esta lluvia de copos de azúcar que al tocar el suelo se juntan y parecen espuma. Y ni hablar el momento en que toca sus manos y se convierte en el mejor de los proyectiles, ese que le va a dar a un compañero y se va a convertir en el recuerdo mejor guardado.
Una semana aproximadamente es lo que permanecen esta clase de individuos en contacto con la nieve, una semana que saben que la tienen que aprovechar al máximo.
Sin embargo, en este paraíso blanco también hay gente que pasa más de una semana en contacto con este fenómeno climático, esa gente que por cuestiones de la vida están conviviendo en un lugar como por ejemplo, San Carlos de Bariloche.
Personas que además de la difícil y engorrosa tarea de tener que soportar a los egresados y turistas también tienen que lidiar con la nieve.
Porque convengamos que un poco y para jugar nos gusta a todos, pero imagínense tener que ir al colegio, a trabajar, a una fiesta o simplemente a la puerta de tu casa y que por meses y meses este nevando. Teniendo en cuenta siempre las complicaciones que trae esto en el transporte, las comunicaciones, en la forma de vestirse y de vivir. Sin más que tener que acostumbrarse a no poder salir con zapatos de tacos, a manejar con cadenas en las ruedas y a ver todo cubierto de eso que les cae en la cabeza y que hace que todo se complique un poco más.
Son dos contrastes diferentes, formas distintas de vivir una misma situación. Ni buena ni mala la nieve no deja de fastidiar ni de asombrar, así tan linda como molesta… y fría!

Agustina Marciano.

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